Insectos okupas

Nada hay más detestable que las avispas de Berlín. O casi nada… si no fuera por sus primas las polillas de los alimentos, insectos estos tan abominables como los otros.

Estoy sentada a la mesa de la cocina ante la taza del café y el vaso de agua que conforman mi magro desayuno; a mi izquierda tengo abierta la parte superior de la ventana, y entornada la inferior. El día es claro y la temperatura, suave de momento, anuncia ya el calor pronosticado.

De pronto entra una avispa zumbando y casi se arroja al café, comienza a girar desesperada sobre la taza, sobre el vaso del agua, se me acerca a la cara, a los ojos, insidiosa y siseando con ese molesto zumbido.

Ayer entraron dos al mismo tiempo, hicieron el mismo recorrido de hoy y luego se quedaron enredadas en los visillos de la ventana, resbalando de continuo por el cristal, sin poder encontrar la salida. Me costó un tiempo exasperante hasta poder expulsarlas a la calle. Para abrir de par en par la ventana de la cocina, debo liberar antes el alféizar donde lucen mis tres plantas: romero, menta y albahaca y la jarrita de metal con que las riego. Tuve que apartar la barrita horizontal donde están colgados los visillos de corte holandés, ya que no había otra forma de liberar a los bichos, que zigzagueaban desesperados por el cristal; luego, acosándolas con el paño de la cocina logré que salieran por la ventana. Cuando me senté de nuevo a la mesa, el café estaba templado y el agua ¡también! Me fastidiaron el desayuno los insectos.

En verano es casi imposible tomarse algo fuera tranquilamente sin pelearse con las avispas, y a veces incluso, con las abejas. ¡Mecachis en la miel!

Estos himenópteros, como los llama el diccionario, son penetrantes, sumamente molestos y en muchos casos agresivos. Tienen la costumbre de arrojarse en plan kamikaze sobre cualquier objeto que llame su atención, eso si no te saltan a la cara como si fueras una flor.

Jamás he visto avispas tan irritantes e irritadas como las de Berlín, y mucho menos en una ciudad. Posiblemente estos insectos no sean más que los hostiles pensamientos de los berlineses solidificados. Es una aseveración negativa la mía, pero conociendo y sufriendo a los habitantes de esta ciudad se comprende perfectamente tal juicio.

De las polillas de los alimentos, ¿qué puedo decir? Creo que hace ya diez años que libro mi batalla particular contras estos okupas lepidópteros (lo acabo de mirar en wikipedia) que han decidido plantar residencia en mi cocina y que al igual que los okupas en mi país, son prácticamente imposibles de echar.

Esta vez es la ley natural la que está de su parte porque se reproducen como familia pobre y tercermundista, depositan entre los alimentos sus huevos, no por mínimos menos eficaces; bombas a tiempo retardado de las que surgirá otra larva y otra con la abundancia genética de pueblos como el chino, de tal manera que si se logra acabar con algunas de ellas, ya están las otras en la incubadora de cualquier tarro de cereal dispuestas a dejar constancia de su raza lepidóptera. ¡Qué animales tan pesados a pesar de su liviana corporeidad!

En mi filosofía religiosa respeto la vida en todas sus dimensiones bajo cualquier aspecto. Hace veintisiete años que no como animales, no porque deteste su sabor sino por consideración a su existencia. Quede claro que, en principio, considero igual de legítima la vida de un polilla como la de un elefante, solo que estos últimos no tienen la costumbre ni la posibilidad de agruparse en ninguna cocina humana, multiplicándose, además, con la fertilidad del mandato bíblico. Será sumamente improbable encontrarse un elefante en un tarro de mijo. En última instancia con un elefante se acaba de una vez y para siempre; con una okupa lepidóptera, con lo único que se acaba es con la propia paciencia.

Esto bichos volátiles son lo más parecido al acné de ciertas pieles, que en algunos casos y cutis, desparecen con la edad o con una buena alimentación; y en otros, se quedan para toda la vida Espero que no sea este mi caso.

Lo que sí es cierto es que el verano berlinés excita tanto a ciertos bichos como a ciertas personas.

Berlín 11.10.2020